miércoles, 17 de abril de 2013

Expectativa vs. Realidad




¿Quién no ha sentido nunca que se le hace agua la boca al ver, en algún panel publicitario o en internet, la fotografía a todo color de una enorme, jugosa y humeante hamburguesa? Y por otro lado ¿quién no se sintió decepcionado– luego de correr al establecimiento de fast food más cercano para saciar el antojo– al recibir una cajita con la hamburguesa real, mucho menos espectacular y sin “maquillaje”?

Diariamente nos llevamos este tipo de chascos cuando nos confiamos en lo que nos presenta la publicidad gráfica: ¿a quién podemos señalar como responsable?

Desde que sus creadores, los hermanos Thomas y John Knoll, lo vendieron a Adobe Systems en 1988, Photoshop se ha convertido en el mejor aliado de la publicidad. En los últimos años, este programa de edición fotográfica digital ha dejado de ser una herramienta únicamente usada por diseñadores, para convertirse en el programa predilecto de fotógrafos profesionales de todo el mundo, que lo usan para realizar el proceso de retoque y edición digital. Su utilidad es incuestionable: tomando el ejemplo de las fotos que ilustran este post,  es evidente cuál de las dos hamburguesas nos apetecería más comer. Y sucede así con todo tipo de producto que las compañías ponen ante los ojos de los potenciales clientes y consumidores. Ya nada parece escapar de Photoshop.

En definitiva, la edición consigue su objetivo de hacer más atractivos los productos a la vista del consumidor, pero ¿cuál es la línea divisoria entre retocar y engañar? 

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