A casi
cien años de su aniversario, el logo de Coca Cola constituye una suerte de
mensaje mundialmente reconocido y aceptado. Es la bebida gaseosa con más
llegada a todos los continentes, sin saber de economías, tecnología o religión.
El tema
que nos compete no es precisamente el alcance internacional de Coca Cola hoy,
sino más bien el arrastre de su logo. Fue creado por Frank Mason Robinson en 1885. El bibliotecario de Pemberton Chemical Company se imaginó que las dos “C” de Coca Cola
(nombre puesto por él mismo a la fórmula de la bebida) se veían llamativas en
un afiche. Escogió la fuente cursiva usada, que
es Spencerian Script (modificada), desarrollada a mediados del siglo XIX en
Estados Unidos. Los colores rojo y blanco fueron escogidos para darle un
aspecto simple y cautivar la atención de los jovenes de la época. El logo fue
publicitado por primera vez en el Atlanta Journal en el año 1915 y también
apareció en la cartelera de la farmacia de Pemberton por mucho tiempo. Fue
registrado en 1887 y desde entonces ha tenido muy pocas variaciones respecto al
original.
Como podemos apreciar, los colores son llamativos. Según
estudios psicológicos, el rojo es uno de los colores que más abre el apetito. Es el color del fuego y de la sangre, produce
calor. El rojo aumenta la tensión muscular y activa la circulación. Es un color
que acelera las palpitaciones, eleva la presión arterial y acelera la
respiración. De manera inconsciente produce sed, y ganas de saciarla con una
bebida refrescante. La letra cursiva también aporta una sensación de continuidad
y encadenamiento, que produce un efecto de solidez, contundencia e integración
en el logo, que se presenta con peso ante la vista del distraído transeúnte.

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